E
llos no llevaron seis cañas, ni consumie-
ron mucho diesel y tampoco regresaron
al atardecer para comentar su salida a pescar.
Parafraseando la novela de Hemingway po-
dríamos titular esta historia como "El Joven y
el Mar".
Así fue... Jorge Saucedo es marinero
del "Cobra", del socio Roberto O´Farrill y
en compañía de su amigo Guatemala Pon-
tífice, zarparon de Puerto Marqués el lunes
2 de mayo a las 8 de la mañana a bordo
del "Mujeres Divinas", un cayuco de 25 pies
con un motor fueraborda Yamaha de 60 hp.
Con entusiasmo y ganas de lograr una bue-
na captura, Jorge se sentía optimista, pues
siempre ha tenido suerte. En una ocasión
trajo un atún de 100 kilos.
Su equipo era en realidad muy básico:
una caña y tres carretes de 140 libras, car-
nada, un GPS, suficiente agua, naranjas y
muchas ganas de pescar. Pero dejemos que
nos cuente Jorge: "Salimos hasta las 30 mi-
llas en busca del vela, regresamos troleando
y en las 16 millas, como a las dos de la tar-
de, picó el primero --y el único-- de regular
tamaño. Una hora después sentí el jalón en
uno de los carretes que llevábamos a mano
y lo comencé a trabajar enseguida. A los 15
minutos sale a la superficie un poco, y por el
lomo me di cuenta que era un marlin, ¡y de
los grandes! Y allí comenzó a jalarnos para
afuera a una gran velocidad, y yo con mucho
trabajo lo trataba de cobrar y soltar...".
Pasó toda la tarde y toda la noche sin
descansar en el esfuerzo. Mientras la lancha
era remolcada a 50 millas de tierra, hasta
que el martes como a las 10 de la mañana
lograron acercar al cayuco y le arrojaron la
araña. El animal, al sentirse herido volvió
a jalar, esta vez hacia el fondo, llevándo-
se toda la cuerda, así es que tuvieron que
añadir los dos carretes que llevaban: "O se
rompe la línea, o se zafa el anzuelo o se re-
vienta el gancho --pensó Jorge--, pero por
mí no va a quedar. Yo tengo que traerme el
marlin. Y amarré la línea a la cornamusa
para que aguantara el tirón".
Por fin, a las tres de la tarde, el pez
"aboyó" en la superficie, ya muerto. Lo ha-
bían logrado, sin embargo en ese momento
se venía otro problema: ¿cómo llevarlo a
tierra? Así es que los marineros lo lazaron
primero en proa y popa, ya que por su ta-
maño era imposible subirlo al cayuco. Éste
escora demasiado y avanza muy lento. Se
meten al agua, lo envuelven en la cuerda
y amarran el pico a la popa, mientras bus-
caban inútilmente ayuda de alguna embar-
cación cercana. "Nos cruzó un barco de la
Guardia Costera Americana que arribó en la
tarde al puerto, pero pasó a más de 5 millas
y no nos vieron. Avisamos por el VHF, casi
sin pilas, sin obtener respuesta... Faltaban
más de 40 millas para tierra y la gasoli-
na se estaba acabando", cuenta Jorge el
pescador. "Mi sueño era llegar al Club de
Yates y colgar mi trofeo de la pluma. Yo
calculo que el animal pesaba entre 450 y
500 kilos, pero le tuve que decir a mi mari-
nero: "es el marlin o nosotros, no vamos a
llegar por falta de gasolina; vamos a des-
tazarlo". Y cortamos tres partes del tronco
para meterlas a la lancha, y la cola para
que se tuviera idea del tamaño.
A 25 millas de la costa por fin consi-
guieron comunicarse, el teléfono celular
recobraba la señal, aprovechándose de la
oportunidad, Jorge llamó a su esposa para
pedirle apoyo de su compadre Orlando, ma-
rinero de "La Marismeña".
Como a las tres de la mañana del
miércoles vieron una pequeña luz hacia
tierra, e inmediatamente lanzaron dos
bengalas al aire. Era Orlando con tres
personas más que recargaron el tanque
de gasolina para poder llegar a Puerto
Marqués ya entrada la mañana.
Para ese entonces el Club había dado
aviso a la Armada y los estaban buscan-
do. "El día que me sale un animal yo
no lo dejo ir, si tengo una oportunidad,
yo la aprovecho". Ese es el espíritu de
afición a la pesca.
Troleando en el agua azul
Bitácora de pesca
HumbertoVan Hasselt
La ruta para encontrar tu embarcación · México · 2005
Navegante
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La cola fue lo único que lograron rescatar de la aventura
Zarpando